Málaga Hoy review

sergio camacho
'mira lo que hago'. El dúo Kings of Convenience, ayer, en el Cervantes, con sus guitarras acústicas.
"Pero, de veras, ¿no son todas las canciones iguales?"

J. L. GARCÍA GÓMEZ

La timidez parece un rasgo congénito de la comunidad indie, tanto de los artistas como del público. En ocasiones, como anoche con la visita de Kings of Convenience al Teatro Cervantes, es posible observar la comunión que existe entre ellos; en consecuencia, las máscaras se caen, la timidez se disipa, y estas citas se convierten en un exhibicionismo de clase (entiéndase como status, por favor). El algo escaso público que anoche se acercó a escuchar al dúo noruego disfrutó enormemente de sus tímidas canciones. Pero algunos, viejos y arrugados cascarrabias como yo, no acabamos de entender tal regocijo.

Erlend Øye y Eirik Glambek Boe no pasan de ser unos limpios émulos de Simon & Garfukel (pasados por el lifting de Belle & Sebastian), que en comparación se engrandecen en la memoria. Si la pareja americana podía ser melosa, al menos a cambio ofrecía canciones, casi himnos. Los noruegos sólo dan muestras de buen gusto. Son algo así como un mueble de Ikea que rememora uno de la Bauhaus: bonito, accesible y digno; pero también ligero, vulgar y, en última instancia, falso.

El de ayer era su único concierto en España, y una ocasión perfecta para saber quiénes son realmente. Sin disco que promocionar y sin el agobio de una gira, su parada malagueña los mostró relajados. Y fue un problema porque su relajación fue en realidad simple autocomplacencia.

Los Simon & Garfukel de este principio de siglo son unos buenos chicos, algo de lo que dieron sobradas muestras anoche. A falta de mucho que ofrecer, tan sólo tienen dos discos (ambos notables y ambos demasiado similares), se mostraron parlanchines (que si Ronda, que si el frío en el escenario, que si esto, que si lo otro...) y comunicativos. Supieron conectar con el público (que si bajaron del escenario, que si subieron a una chica, que si esto, que si lo otro...). Pero, ¿y las canciones? Pues, ¿no son todas iguales? Ya, no. Pero se parecen, ¿no? Venga, que sí. "¿Esta no la han tocado al principio?". Ese pensamiento pasó por mi cabeza; más de una vez. Eso sí, todas son igual de sensibles.

El repertorio de Kings of Convenience gana en vida y personalidad cuando tiene gotas de bossa-nova, y no estaría mal que rompieran la uniformidad de sus estructuras. Ni con la suma del teclado, ni con el violín, aquello subió muchos enteros en la cotización de la variación.

A día de hoy, su mejor álbum sigue siendo Versus, aquel disco en el que las canciones de su debut fueron ligeramente transformadas por Four Tet, Ladytron, Riton y compañía. Algo tiene que significar. Øye y Glambek necesitan tomar riesgos. Ayer, el único riesgo lo tomó el público, que bien pudo haber no reconocido diferencia alguna en las canciones de estos chicos majos y aseados que sueltan sus majas y aseadas tonadas de campamento cristiano con buena voluntad, mediano talento y escasa originalidad.

Un concierto de Kings of Convenience es agradable, como un ligero masajeo en la espalda, pero poco más. La vuelta a casa con Marvin Gaye o Sam Cooke en el ipod genera más sensaciones, y además las canciones se distinguen.